16/05/2007
Goodbye Stranger
No sé por qué todos miran hacia afuera, si lo único que ven son sus reflejos, y a través de ellos miran a los demás, como queriendo conocerlos, como queriendo su compañía.
Busco entre las caras a mi alma gemela. Algunas veces la encuentro, otras simplemente encuentro caras amigas, pero no aquella cara, aquellos ojos que te devuelven la mirada en un juego de espejos.
Me doy cuenta que unos metros más allá se afirma como puede una compañera de trabajo. Su traje no la acompaña con la temperatura de esta cosa. No me mira, realmente nunca hemos conversado.
Por otro lado yo también estoy a 40 grados celcius. Maldito traje, maldito trabajo... no sé por qué lo acepté en un principio. Será por simple necesidad, porque mis compañeros tambíen saltaron hacia el harakiri de la vida.
"Un abogado salido de una Universidad prestigiosa no tiene por qué estar cesante", decía mi madre con su tonito condescendiente que me hinchaba las pelotas. Por eso decidí tirarme al mundo laboral como bebé recién nacido, para que en vez de estar bajo la tutela materna, estuviera bajo la tutela de un imbécil con plata que me hinchaba las pelotas aún más. De la sartén a las llamas, dicen por ahí.
Ya casi llego a mi estación. Las caras de todos, y seguro la mía también, se contraen en una mueca de cansancio, rabia y calor. No es nada agradable ser feliz y viajar en metro. Al entrar eres una persona y cuando te bajas el mundo ya no es de colores, sino de un tono grisáceo smog, típico santiaguino.
Me tengo que bajar. Pedir permiso siempre ha sido difícil para mí, nunca lo digo fuerte, siempre en un susurro bajo, como para no molestar a nadie más de lo necesario. A veces me imagino que no me atreveré a pedir permiso y tendré que esperar la siguiente estación para poder bajarme, y caminar sigilosamente hacia el cambio de andén, para que nadie note mi torpeza, y dar la vuelta gratis.
Pero nunca me ha pasado.
Siempre bajo dando empujones necesarios. Tratando de no soltar el maletín, de mantenerme en una pieza.
Al salir me doy vuelta y observo el carro que me ha acompañado en mi viaje y en un pensamiento tardío, le digo adiós con tristeza.
22:27 Anotado en Ficción | Permalink | Comentarios (2) | Enviar a Email
24/11/2005
Carta de desamor
Quieres a otro, pero él no te hace reír. Quien me llamará todos los días? Quién me dejará señales de cariño en todo lo que poseo y me tomará de la mano desprevenidamente? A quién rodearé con mis brazos cuendo veamos una de esas películas que te gustan tanto? Yo me gusto cuando estoy contigo, me haces sentir bueno, cariñoso. Como si yo fuera el más importante.
Es tu culpa, porque tú me has acosumbrado a quererte, a sentirme así y ahora no tienes derecho a dejarme solo, conmigo mismo. Tengo miedo de mostrarte quién soy en realidad, pero no es porque el yo real sea malo... ni feo. Es porque tú me quieres con máscara, y si me la saco, me dejarás.
De todas formas ya me estás dejando. Y no logro entender por qué. Si he sido todo lo que tú has querido. Ahora te alejas, como si nunca hubiera pasado nada. Me abandonas. Tú sabes que no vivo sin tus palabras. Tú sabes que yo me muero si no me miras. Qué hago ahora? A quién amaré? No es así de fácil. Tú crees que puedo olvidarte, pero no. Y tú tampoco me olvidarás, porque me dijiste todas esas cosas antes... y yo las creí. Y te aseguro que no eran mentiras, porque yo te conozco. Ahora dudo de eso, porque no encuentro respuesta a estas cosas que haces, a estas cosas que repentinamente me dices.
Tú eres mía y de nadie más. Nadie volverá nunca a amarte, porque yo mataré a cualquiera que lo intente. Si me dejas, no tienes derecho a volver a ser feliz. Yo sí, porque yo soy el que ha sufrido más, y la culpa es toda tuya. Quiero odiarte. Te di todo lo que quisiste. Te di mis días y mis noches, mi alma y mi cuerpo. Compartí contigo mis sueños y mis miedos. Y creí que tú también lo habías hecho, pero ahora veo que no, que todo era una simple ilusión. Quiero odiarte, pero no puedo. Me revuelco dentro de mis recuerdos sobre ti, para encontrar aquel momento en el que dejaste de amarme. Pero quizás nunca lo hiciste. Me siento como antes, inservible, asocial. Yo era feliz contigo. Era un hombre completo. Sentía que lo tenía todo, porque te tenía a ti.
En mis noches me gustaba imaginar que me engañabas. Así en la noche siguiente, te haría mía con rabia, y no con la fragilidad con la que lo hacía. Te tendría odio y no me sentiría tan apegado a ti. No sería vulnerable. Nunca me funcionó, yo era un niño en tus brazos, un niño solo e indefenso, buscando amor.
Por eso es que siento que ahora que me estás dejando, te estás llevando todo mi ser.. Tú me conoces mejor que nadie. A ti te di toda la confianza del mundo, y tú me traicionaste. Ahora te vas, y haces como si nada hubiera pasado. Como si pudieras simplemente borrarme de tu vida. Pues no te voy a dejar! Siempre estaré presente, quieras o no, dentro de ti. Porque tú también me entregaste algo... y no te lo pienso devolver.-
13:35 Anotado en Ficción | Permalink | Comentarios (1) | Enviar a Email
14/11/2005
Amor a primera vista
Iba en el metro. Fue amor a primera vista. Cuando tus ojos se posaron en los míos fue como si un rayo me partiera el corazón en dos. Tu parecías no darte cuenta de mi existencia, pero era un vulgar truco de coqueteo.
Memoricé tu cara, tus facciones, tu estilo. Tus manos, delgadas. Me tomarías suavemente de la mano, me llevarías a lugares que no conozco, me invitarías a conocerte. Serías tan amable, tan cordial, me tratarías con tanto cariño.
Me llegarías a conocer como nadie nunca lo hizo. Te abrazaría por la cintura y nunca te dejaría ir.
Viajaríamos por los cinco continentes, tomando fotografías de cada uno de los viajes, como si fueran tesoros invaluables. Tú nunca te morirías para mí, porque seríamos uno solo, inmortal.
Se me ocurriría decirte cosas que nunca nadie dijo, ni los poetas más reconocidos. Seríamos tan felices.
El amor seguiría creciendo, llevándonos a otro mundo. A un mundo en el cual tendríamos hijos, 3. Diablillos inteligentes que corretearían a mi alrededor. Compartiríamos las cargas paternas, tú siempre estarías presente. Viviríamos sin problemas, en esos mundos con un equilibrio perfecto, con esa felicidad plástica que nadie tiene, y por eso todos nos envidiarían.
Hasta ese día. Te vería coquetearle en una cena de trabajo. Vería en tus ojos el llamado de la naturaleza, interrumpiría mi cuento de hadas. Me deprimiría y dejaría de darle atención a nuestros hijos. Llegaría tarde a casa y no te daría explicaciones. Te dejaría de mirar a los ojos, porque los tendrías llenos de mentiras. Dejaríamos de amarnos. No me dirías la verdad, porque tendrías demasiada vergüenza.
Amarías a otro ser y no serías capaz de decírmelo. Yo te tendría rabia y querría matarte por causarme tal dolor. No me podría levantar por las mañanas ni dormirme por las noches. Serías el objeto de mi odio. Al fin decidiríamos separarnos y ninguno vería a los hijos por más de tres horas al día... y cada vez que te divisara a lo lejos me pondría a pensar... ¿qué fue lo que falló? ¿qué diablos podría haber hecho para no terminar así?
Los años llegarían rápidamente, me pondría a fumar y terminaría mis años en un asilo al cual, gentilmente, me habrían mandado los hijos. Nunca quise odiarte, pero tú me obligaste. Me comenzaría a morir en un hospital abandonado, y en mis noches sufriría por las constantes pesadillas, en las cuales tú y yo seguiríamos siendo uno.
Por eso nunca te hablé, porque cuando tu mirada me partió el corazón supe que nuestra historia terminaría en drama, porque fue amor a primera vista, porque desde el momento en que te memoricé, comencé lentamente a borrarte.
¿Cambia en algo nuestra historia si yo soy una mujer o un hombre? No, en las relaciones no hay ni hombres ni mujeres, sólo hay personas, y sentimientos.
13:04 Anotado en Ficción | Permalink | Comentarios (3) | Enviar a Email





























